El emprendedor que ha creado gimnasios para quienes odian entrenar: "Si hoy no te apetece, nos vamos juntos a por una cerveza"
Jorge Lobo, ex jugador de balonmano profesional, lleva la contraria al fitness de toda la vida. Sin presión ni rutinas fijas. Sumará 8 locales con menos de 30 años

Me he equivocado. Esto no puede ser un gimnasio". Es la primera sensación que a cualquiera se le viene a la cabeza al traspasar uno de los coquetos locales de Piko Studios. El material es de Nike: sí, la marca que viste de deporte a medio planeta también fabrica mancuernas y discos ideales, aunque en España casi nadie lo sabe. Las máquinas tienen más pinta de objeto de diseño que de aparato de tortura. Y esa es exactamente la intención. De hecho, ningún millonario les haría ascos para su cuarto de juegos privado.
El chico que detestaba entrenar fuerza
Tras esos grandes ventanales, sentado en una barrita con el café de especialidad post entreno, el siempre sonriente Jorge Lobo. Al emprendedor todavía se le escapa alguna palabra en portuñol, y eso que lleva muchos años en Madrid, ciudad donde le encanta vivir. Explica cómo surgió este modelo de negocio para quienes no disfrutan del deporte tradicional: "Toda mi vida he odiado el gimnasio, y eso que he sido jugador de balonmano profesional durante 15 años, llegando incluso a la primera división portuguesa".
Entrenar fuerza era esencial para ser bueno y evitar lesiones. "Pero en ese entorno tan militar del CrossFit me sentía totalmente desubicado y, en una sala, perdido. No tenía plan ni ayuda. Sólo aprendí a disfrutarlo con un buen entrenador, en sesiones personales. Y veía que a mucha gente le pasaba igual".
De Amazon a emprender
Las mancuernas y discos son de la marca Nike, que Jorge Lobo ha traído a España.SERGIO ENRÍQUEZ-NISTAL
Originario de Guimarães, una ciudad pequeña, cerca de Oporto, vino a Madrid para trabajar en Amazon, donde estuvo siete años, cuenta. Antes, este inquieto recorrió medio mundo. "Estudié el equivalente a Administración y Dirección de Empresas (ADE), después me fui a Italia a hacer un máster, hice un intercambio en India de seis meses, trabajé en Londres y, ya en 2024, quise montar algo propio aquí, viendo esta inmensa ola del fitness generada tras la pandemia".
Fascinado con la idea de que el ejercicio puede ser divertido y no tiene por qué ser un fastidio, pero no todo el mundo es un runner que sale a las calles empoderado los domingos, quiso proporcionarles su espacio seguro, cuenta. "Es el antigimnasio, porque no se apunta a las modas ni verás disciplinas en tendencia. Nosotros adaptamos el entrenamiento a tu rutina y no al revés".
PUBLICIDAD
Así consigue que vuelvas
Lo que Lobo quiere es ser parte de tu día y que vengas a toda costa. "Si no te apetece entrenar hoy, nos vamos juntos a por una cerveza. Hay días en que haremos una competición absurda en el suelo o una coreografía colectiva con música de Disney. Porque no siempre estás en tu cumbre", explica.
De ahí el nombre y el logo. Lobo quería una palabra que evocara altura y superación, pero también naturaleza: todo lo contrario a la estética roja y naranja que domina el sector. "Quería huir de los colores de alerta, de la adrenalina forzada. Corto, rotundo, imposible de destrozar para una boca española o portuguesa. Dos sílabas. Fácil de decir y de recordar", bromea riendo.
El objetivo no es sufrir: es que el ejercicio se cuele en tu semana sin que lo notes demasiado. Nada de entrenadores que gritan "una más, dame otra que puedes". Nada de culpa por la pereza. "No te preocupes, estiramos, hablamos", dice Lobo. Porque, para el emprendedor, "lo que de verdad mata el hábito es convertir el gimnasio en ese sitio al que cada vez te cuesta más volver".
Un proyecto en expansión
Y parece que cuaja: está a punto de sumar ocho centros boutique a sus 29 años. Sin franquicias. "Estoy con el primer local de Portugal". Lobo mira a Sudamérica como quien lee el futuro. "Allí la obsesión por el cuerpo, la estética y el bienestar lleva años por delante de Europa, y lo que se ve es una sociedad cada vez menos resignada a estar fuera de forma. Eso está llegando".
Su valor añadido es la personalización: "No hacemos circuitos. El mismo espacio acoge a un atleta y a una persona de 80 años, con la misma atención. Sin que te tengas que estar comparando. Para seguir siendo tú, pero durante más tiempo", asevera. Las sesiones combinan cardio, porque perder peso sigue siendo el motivo más común para dar el paso, movilidad para ser ágiles, y fuerza, que aún carga con el estigma del culturismo. "No es para ganar volumen muscular, es para que no se te rompa la cadera y poder coger a tus nietos", zanja.
La importancia de una buena corrección
Confía sólo en profesionales por dos razones. La primera es la responsabilidad: "Hay alguien esperándote, y eso, admiten muchos clientes, es lo único que les saca del sofá". La segunda es técnica: "El fitness parece más sencillo de lo que es. Puedes repetir el mismo ejercicio 100 días seguidos y no lograr lo que un entrenador consigue en tres, con un ajuste tan pequeño como adelantar el pie unos centímetros". La pandemia lo dejó en evidencia: una generación entera aprendió a entrenar con vídeos de YouTube y sin corrección postural. Los fisios de Madrid notaron el resultado. Y los hombres, en particular, pagaron el precio: "Son los más reacios a pedir ayuda y los que más se lesionan", opina.
El sector tiene tres picos de alta: enero, abril y septiembre. Año nuevo, operación bikini y resaca del verano. Lobo los conoce bien y desconfía de todos ellos. "Son motivaciones con fecha de caducidad". Busca otro perfil: personas que no quieren transformarse, sino recuperar una versión de sí mismas que el tiempo y el metabolismo fueron borrando. "Por ejemplo, mujeres que ya no se reconocen en el espejo y necesitan algo más que una rutina de ejercicios. Necesitan que alguien les de su confianza. Y me enorgullezco de trabajarla desde el interior".
Más que un entrenador, un cómplice
La capacidad de desconectar es lo peor del emprendimiento. Aunque haya psicólogo, novia y amigos apoyando. "Siempre estás pensando cómo mejorar". Tras el verano preguntó a su equipo por algunos clientes al azar. Los que respondían con detalle: la ruptura, el viaje a Ibiza o el mal trago, casualmente, tenían la retención más alta. "Queremos que el entrenador sea como un amigo", dice. Que sepa cuándo estás a tope para exigirte y cuándo es mejor una charla alentadora.
El bienestar no es solo salud: también es estética, y es ingenuo fingir que no, desliza. "Sentirnos bien con el espejo es una parte real y legítima de lo que buscamos e ignorarla no hace que desaparezca. Pero tampoco se trata de dar una clase para una foto, ni un detox que dura tres días. Es autoestima construida de forma sostenible. No es la privación: es el equilibrio", resume. La salud mental, añade, "es la consecuencia natural de hacer todo eso bien y sin prisa".